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La lucha por la supervivencia fue, en los tiempos paleolíticos, una lucha del ser humano con el medio natural y con sus competidores de otras especies animales. Como la vida era muy dura, sólo una minoría de seres humanos cumpliría los 40 años de vida y los que llegaran a esa edad seguramente tendrían una vejez difícil, aquejados de dolores de artritis, reumatismo, escorbuto, y amenazados de muerte con cada hueso roto o muela infectada.


La supervivencia de la humanidad durante el Paleolítico se logró en gran medida a la vida comunitaria, su ingenio, sus descubrimientos técnicos y la capacidad social que desarrolló para comunicar y guardar la memoria de su cultura. La alimentación del hombre prehistórico dependía básicamente de la recolección de plantas, tubérculos y otros vegetales, así como de la ingestión de insectos, huevecillos de insectos y animales pequeños. Los primeros seres humanos cazaban presas pequeñas, pero con el desarrollo de la vida comunitaria y la tecnología de caza, el Homo erectus pudo convertirse en un depredador de manadas de animales salvajes o grandes, como el mamut y el bisonte, o de peces una vez que inventó redes. El hombre prehistórico no mantenía una dieta equilibrada y en muchos casos su alimento consistía en carne en estado de semiputrefacción. Los grupos u hordas de esta época vivieron generalmente en cuevas que los protegían del frío y la humedad.



Es una de las masas de agua más preciadas de nuestro planeta por formar parte de los continentes asiático, europeo, y africano, y por ser para ellos, desde tiempos legendarios hasta hoy, una zona protagonista de intensas y fructíferas transacciones comerciales y culturales. Sus aguas no solo bañan las costas de Europa, sino que también es una conexión de este contiente con África, y además permite llegar hasta Asia, desembocando en su flanco occidental en el Océano Atlántico, aunque se suele considerar como una masa de agua independiente al mismo, recibiendo por ello su nombre que indica que está rodeado por tierras.


En épocas antiguas donde el Imperio Romano era una potencia mundial, esta zona era conocida como Mare Nostrum, ya que en pleno apogeo todas las costas que eran bañadas por las aguas del actual mar mediterráneo estaban bajo su poderío, aunque lo cierto es que esta zona ya era poderío de grandes civilizaciones antiguas, como los Fenicios que la utilizaban para comerciar su especialización en alfarería y viticultura, siendo esto último donde se destacaron ampliamente. Otra de las grandes potencias de épocas de antaño, la Antigua Grecia, tenía en el mar mediterráneo y todos los mares griegos que allí desembocaban no solo una fuente de inspiración para los filósofos que transitaban sus orillas, sino también la ubicación geográfica de mitos y leyendas cuyos protagonistas tenían batallas, y hasta seres mitológicos que habitaban la profundidad de sus aguas. Durante la Segunda Guerra Mundial, esta zona capturó la atención de Mussolini, que intentó dominarla, dados los beneficios estratégicos que tiene. Por su parte, Gran Bretaña aparecía como responsable del Mediterráneo Oriental desde su presencia en Egipto, y Francia se imponía en la área Occidental.



Pueblos germanos o germánicos son un histórico grupo etnolingüístico de pueblos originarios del norte de Europa que se identifican por el uso de las lenguas germánicas (un subgrupo de la familia lingüística indoeuropea que se diversificaron a partir de una lengua original -reconstruible como idioma protogermánico- en el transcurso de la Edad de Hierro).

En términos historiográficos son tanto un grupo de entre los pueblos prerromanos (en las zonas germanas al oeste del Rin -provincias de Germania Superior e Inferior– en que se estableció una fuerte presencia del Imperio romano y fueron romanizadas) como un grupo de pueblos bárbaros (exteriores al limes del Imperio), situados al este del Rin y al norte del Danubio (Germania Magna); precisamente el que protagonizó las denominadas invasiones germánicas que provocaron la caída del Imperio romano de Occidente al instalarse en amplias zonas de éste: suevos, vandalos, godos (visigodos y ostrogodos), francos, burgundios, turingios, alamanes, anglos, sajones, jutos, hérulos, rugios, lombardos, etc. Los vikingos en el siglo VIII protagonizaron posteriormente una nueva oleada expansiva desde Escandinavia (la zona originaria de todo este grupo de pueblos), que afectó a las costas atlánticas (normandos) y a las estepas rusas y Bizancio (varegos). Muchos de los autores que relataron nombres étnicos de pueblos germánicos especularon sobre su origen, desde los primeros escritores hasta aproximadamente el Renacimiento.



Una de las armas más antiguas usadas por los primeros soldados romanos fue el hastae, o hasta, que era básicamente una lanza con punta de hierro con una longitud de 6 pies romanos. Los soldados expertos en usar el hastae fueron conocidos como hastati, pero ya en tiempos de la república, y finalizada la monarquía con Lucio Tarquinio el Soberbio, el hastae fue utilizado únicamente por triarios (triarii). Los triarios fueron legionarios veteranos durante la república y actuaron como una falange propia del período helenístico, funcionando como tropas de reserva y combatiendo únicamente en ocasiones de extrema necesidad. El uso del hasta fue mermándose hasta la crisis que asoló la era imperial romana, donde salía muy barato fabricar este arma para equipar a los soldados.
El verutum era un tipo de jabalina, más corta y ligera que los pilum. Fue adoptada de las tribus samnitas y de los volscos. La usaban los llamados vélites, una unidad de infantería ligera carente de armadura y que era reclutada entre las clases más pobres de la sociedad ocupando las primeras líneas de combate. El verutum era un arma arrojadiza de poco más de un metro y muy flexible, lo que le daba una maniobrabilidad excelente al vélite para dar cuenta de sus enemigos.

Fue muy utilizada durante las Guerras Púnicas contra los cartagineses, y muy destacable su papel contra los elefantes de Aníbal en la batalla de Zama. Pasó a ser un arma de las tropas auxiliares tras las reformas militares de Mario.






Cuando Roma aún era una simple ciudad-estado, ser ciudadano libre conllevaba obligaciones militares. Ciudadano era sinónimo de soldado, y como solo las clases propietarias gozaban de la condición de ciudadanía, el ejército era de corte aristocrática. En contraste, la plebe, sin medios económicos, al no ejercer derechos políticos, tampoco tenía apenas obligaciones militares. El ejército en los inicios de Roma, por lo tanto, era fundamentalmente hoplita, a imitación de las ciudades griegas, cuyas sólidas infanterías se basaban en la disciplina y en las que cada soldado se costeaba su propio equipamiento. El penúltimo rey de origen etrusco, Servio Tulio, sistematizó por primera vez el ejército romano en el siglo VI a. C. Clasificó a los ciudadanos en cinco clases, según su fortuna y propiedades. Tulio organizó las tropas en centurias, formadas en principio por cien hombres. Sesenta centurias constituían una legión (aunque sus efectivos oscilaron entre los 4.000 y los 6.000 hombres a lo largo de la historia). Los ciudadanos más adinerados contaban con el mejor armamento o integraban la reducida caballería que acompañaba a la legión. Todavía no era una fuerza profesional ni permanente, sino un ejército ocasional de ciudadanos que, aunque dedicados a sus tareas profesionales particulares, se alzaban en armas cuando eran requeridos para defender la ciudad. Esto no era así en Grecia u Oriente, donde se recurría cada vez más a mercenarios. Durante el siglo V a. C. las legiones nunca fueron más de tres, y su actividad militar se limitó a las zonas cercanas a Roma. No había guerras expansivas, sino que se circunscribían a la competencia con ciudades vecinas o a simples incursiones. Esto dependía de la época del año: en verano, las tareas agrícolas cesaban y había tiempo para tomar la espada. Eran las llamadas guerras estacionales.





Soldados autofinanciados En el siglo IV a. C. los galos invadieron el centro de Italia. El equilibrio en las ciudades de la región se alteró profundamente, y Roma fue saqueada por primera vez. Como consecuencia, su política pasó a ser expansionista, lo que supuso que los soldados lucharan cada vez más tiempo y más lejos de la ciudad. Las campañas podían ahora llegar hasta el invierno, lo que perjudicaba especialmente a los pequeños propietarios. Para indemnizarles se introdujo el stipendium, una pequeña compensación económica que ayudaba a costear los gastos de los soldados más humildes. El ejército no perdió por ello su carácter aristocrático y de propietarios agrícolas, pero esta indemnización fue el primer paso hacia la profesionalización de las tropas. Al mismo tiempo, las guerras contra los samnitas y contra Pirro, el rey del Epiro, en los siglos IV y a principios del III a. C., hicieron que Roma abandonara el modelo hoplita y adoptara un modo de combatir más flexible, capaz de luchar con éxito tanto en campo abierto como en las montañas. En el transcurso del siglo III a. C. se puso en tela de juicio, cada vez más, el ejército de propietarios. Comenzó el duelo con Cartago, con campañas muy largas en lugares muy alejados, y los combatientes no podían cuidar de sus haciendas. Esto, unido a que el número de ciudadanos susceptibles de ser llamados a filas era cada vez más escaso, desembocó en una crisis. La necesidad de defender los territorios ganados en la primera guerra púnica (Sicilia, Córcega y Cerdeña) con guarniciones permanentes puso en evidencia las limitaciones del sistema. Y la situación empeoró con la segunda guerra púnica, por lo que no quedó otro remedio que reducir las exigencias económicas necesarias para formar parte del ejército. Se facilitó el acceso a la condición de ciudadano-soldado, de modo que pudieran ser reclutadas seis o siete legiones al año. En tiempos de extrema gravedad, incluso se llevó a la guerra a la plebe, a esclavos y a criminales. Estas medidas pretendían ser provisionales, para volver a hacer más restrictiva la concesión de la ciudadanía cuando acabara la guerra con Cartago, reduciendo de nuevo el ingente de efectivos. Pero la política conquistadora de Roma tras la victoria sobre Cartago –Hispania, Macedonia, Iliria, Grecia, Galia Cisalpina…– hizo imposible volver a las anteriores cifras de reclutamiento. Se mantuvo en pie de guerra a unos sesenta mil hombres, casi un 20% de la población ciudadana, sin contar las tropas mercenarias extranjeras. Este despliegue tuvo efectos negativos sobre la demografía y la economía agraria. Los agricultores que servían en las legiones no atendían sus propiedades, y muchos se arruinaron. Solo el botín que ocasionalmente obtenían como soldados podía compensar las penurias, pero esto no era frecuente. El resultado fue la proletarización de gran parte de ellos, con el consiguiente malestar social que empezó a envenenar la vida política de la República.






Imperio Romano

La victoria en las Guerras Púnicas, hizo que Roma se convirtiera en la principal potencia mundial, dominaba el Mediterráneo y había conquistado la mayor parte de poblaciones costeras de este mar, Grecia era una de ellas. De el país heleno, Roma exportó la política y la cultura, esto afianzó la República Romana como una nación moderna. El gran número de conquistas había hecho generado enormes riquezas, que sin embargo solo se repartieron entre los patricios. Además el número de esclavos era cada vez mayor lo que incrementaba las diferencias entre clases y daba lugar a conflictos en los que la clase baja solicitaba el reconocimiento de sus derechos y el reparto de riquezas. Las grandes diferencias sociales fueron la principal causa del colapso de la República.

Conflicto de los GracosPara cuando Tiberio y Cayo Graco fueron elegidos como tribunos de la plebe en el año 134 a.C., todo parecía ir bien en la República. El principal problema eran las enormes diferencias sociales que provenían de un cambio en el modelo de cultivar las tierras. Hasta el periodo de conquistas, la agricultura en Roma se basaba en pequeños cultivadores que trabajaban sus propias tierras y obtenian beneficios vendiendo sus productos en la ciudad. Con la llegada de las conquistas, el terreno para cultivar se amplió y los patricios más adinerados adquirían grandes superficies de cultivo. Contrataban un gerente y a un grupo de esclavos para que trabajaran gratis sus tierras y así obtener el máximo beneficio, los patricios se convirtieron en terratenientes y la agricultura estaba basada en los latifundios.

Revuelta de los Gracos La situación para los pequeños cultivadores era lamentable, es por eso que con la llegada de los Gracos al poder, propusieron la realización de una reforma agraria que acabara con esta injusticia. El objetivo era repartir mejor las tierras para que los ciudadanos romanos pudieran competir en el mercado agrario. En respuesta a la propuesta de los Gracos, que iba tomando forma y camino de hacerse realidad, un grupo de nobles asesinaron a los hermanos desatando una serie de guerras civiles y revueltas. Guerras CivilesTras el violento asesinato de los hermanos Graco, comenzó el siglo I a.C. un siglo de crisis dominado por un gran número de revueltas de esclavos y guerras civiles que desangraron Roma. La República Romana se había creado para evitar concentrar el poder en una sola persona. Sin embargo los generales, con las conquistas de la República habían conseguido mucho poder gracias a las riquezas de los nuevos territorios y al apoyo de sus legiones. Así, los generales pugnaban por hacerse con el poder en solitario. Los primeros en enfrentarse fueron Lucio Cornelio Sila y Cayo Mario, apoyados por las facciones del senado Optimates y Populares respectivamente, por el honor de liderar la guerra contra Mitrídates VI rey de Ponto. Esta fue la Primera Guerra Civil de la República Romana entre 88 y 81 a.C., de la que Sila resultó vencedor y encargado de la guerra contra Ponto, mandó al exilio a Mario. Cuando volvió de Asia, Sila se estableció como dictador de Roma. Entre las revueltas producidas en este siglo, cabe destacar también la Tercera Guerra Servil o Guerra de los Gladiadores que tuvo lugar entre el 73 y el 71 a.C. Durante estos años un pequeño grupo de 70 gladiadores liderado por Espartaco se fugó y comenzó a deambular por Italia asaltando las poblaciones de la península. Este grupo acabó estando formado por cerca de 120.000 hombres, mujeres y niños en su mayoría esclavos. De entre ellos los adultos capacitados constituyeron un potente ejército al que las legiones romanas les costó batir.
Primer Triunvirato Es la alianza política formada por el caudillo Cneo Pompeyo Magno, el general Marco Licinio Craso y el general Julio César. El primero había combatido a los piratas en el mar, el segundo terminó con la revuelta de Espartaco y el tercero que al comienzo del tirunvirato no tenía mucho reconocimiento fue más tarde, el gran general que sometió a las Galias.

Julio César Imperio Romano En el 70 a.C. Pompeyo y Craso eran cónsules y se opusieron a Sila. Más tarde Julio César es apoyado por los cónsules en su propuesta de reforma agraria conformándose así el primer triunvirato. Pompeyo se quedó en Roma, Craso partió a gobernar la provincia romana de Asia Menor donde murió y Julio César se encargó de la guerra de las Galias. Con Craso muerto, Pompeyo solo en Roma comenzó a temer el poder que Julio César estaba adquiriendo con sus victorias en la Galia. El Senado presiona a Pompeyo a que mande volver a Julio César para ajusticiarlo, sin embargo este se da cuenta de que una vez en Roma sería juzgado y se dirige con sus tropas a Roma iniciando de este modo la Segunda Guerra Civil de la República Romana. La batalla de Farsalia supone la derrota de Pompeyo frente a Julio César que una vez terminada la guerra se estableció como máximo mandatario dejando al senado con un papel meramente consultivo. Finalmente Julio César fue asesinado el 44 a.C. por un cuantioso grupo de senadores partidarios de Pompeyo en el episodio conocido como los Idus de Marzo.

Los Idus de Marzo Julio César
Segundo Triunvirato

Tras el asesinato de Julio César, existe un vacío de poder en la República Romana. Se forma el Segundo Triunvirato, alianza que perduró desde el 43 a.C. hasta el 27 a.C. La alianza estaba constituida por Marco Antonio, César Octaviano y Marco Emilio Lépido. Tras la muerte de Julio César a manos de Casio y Bruto entre otros, Marco Antonio expulsó a sus asesinos y se hizo con el poder. Sin embargo, César había nombrado sucesor a su sobrino Octaviano. El senado apoyó al segundo puesto que estaba en contra de Marco Antonio, pero Octaviano sabiendo que el senado solo queria utilizarlo se reunió con Marco Antonio y con Lépido para firmar el Pacto de Bolonia que significaría la constitución del Segundo Triunvirato.

Fin de la repúblicaOctavio fue el encargado de velar por Roma mientras que Marco Antonio partió a la provincia de Egipto junto con Cleopatra. Sus vidas eran muy distintas, el primero debía ocuparse de sofocar los constantes disturbios en Roma mientras que el segundo se permitía todo tipo de lujos junto con su amante Cleopatra. Octavio apoyado por nobleza y proletariado y cansado de las concesiones que se le hacían a Marco Antonio, decidió hacerse con el poder absoluto. Se enfrentó primero a Lépido encargado de África y la arrebató en el año 36 a.C. y posteriormente a Marco Antonio y Cleopatra. El enfrentamiento principal se produjo en la batalla de Accio en el 31 a.C. Octavio resultó vencedor y pasó a llamarse Augusto.

Batalla de Actium Octavio contaba con el apoyo y buena consideración de Senado, nobleza y proletariado, además era el comandante de un gran número de legiones que combatían por él sin dudarlo. Todo ello le llevó al Senado a proclamarlo en el 27 a.C. Emperador Romano o comandante de todos los ejércitos. Daba comienzo un periodo de transición con una aparente república pero con todo el poder situado sobre César Augusto Octavio. Daba comienzo el Imperio Romano.




El mundo griego fue fundamental para el desarrollo del arte romano junto a las aportaciones de la cultura etrusca. Sin embargo, también tuvo una indiscutible personalidad, manifestada principalmente en la arquitectura.

Posteriormente el arte romano repercutió enormemente en las culturas occidentales, siendo la base cultural de Occidente hasta nuestros días.

El arte en Roma se puso al servicio de nuevas necesidades. Esto explica el nacimiento de nuevas manifestaciones y también la aparición de un arte con gran centralización y unitarismo, no sólo en Roma sino también en el resto del Imperio.

Las principales características que aporta el arte romano como novedad son:

  • Preocupación, en la arquitectura, por el juego de masas que viene por los elementos usados en la construcción.
  • Arquitectura mucho más colosal.
  • Como elemento arquitectónico básico, se van a utilizar el arco, la bóveda y, por tanto, la cúpula.
  • Se va a crear el retrato en la escultura.
  • Roma fue la creadora del relieve histórico, continuo y narrativo.


El arte romano se puede dividir de forma similar a la historia del Imperio en tres periodos:
  • Periodo de la República: s. VI (hacia el 510) - 27 a.C.
  • Periodo de Augusto: la época clásica: 27 a.C. - 14 d.C.
  • Periodo imperial: dividido a su vez en:
  • De Tiberio a Trajano: 14 - 117
  • De Adriano a Alejandro Severo: 117 - 235
  • De Maximino a Constantino: 235 - 315
  • Arquitectura Romana


Las principales características de la arquitectura romana son:
  • Es una arquitectura caracterizada por la monumentalidad, no sólo por el espacio que ocupa sino también por su significado. Esto viene dado también por la idea de la inmortalidad del Imperio.
  • Es una arquitectura utilitaria, práctica, funcional. Por esto y también por la propia estructura del Estado, aparecen nuevas construcciones, con un gran desarrollo de la arquitectura civil y militar: basílicas, termas, etc.
  • Es una arquitectura dinámica., como consecuencia del empleo de algunos elementos constructivos como el arco y la bóveda.

Los materiales utilizados son muy variados: piedra cortada en sillares regulares y dispuesta a soga y tizón, hormigón, ladrillo, mampuesto, madera... Cuando el material era pobre se solía revestir con estucado, placas de mármol o con ornamentación de mosaicos o pintura.

Se usa el orden toscano y también el jónico y el corintio. Aunque lo más significativo fue el uso del elegante orden compuesto. También fue muy frecuente la superposición de órdenes en edificios muy altos. Normalmente en el piso bajo se empleaba el orden toscano, en el medio el jónico y en el superior el corintio. Los capiteles, en general, presentan motivos con mayor libertad que en Grecia y hay algunos con figuración.

Aparecen las guirnaldas y los bucranios como elementos decorativos.
También la arquitectura romana empleó la superposición en el mismo vano del arco y el dintel.




Desde los orígenes de la Humanidad, han sido varias las insurrecciones que han marcado el devenir de la Historia. Quizás una de las más significativas fuera la protagonizada por un esclavo de origen tracio llamado Espartaco en el siglo I a.C., en el sur de Italia, que puso en serios aprietos a la República romana. Una insurrección que consiguió reunir a miles de personas en la cual no sólo figuraron esclavos, sino también un buen número de campesinos y de ciudadanos libres muy empobrecidos.

Únicamente ciertos titubeos, la felonía de los piratas cilicios y el poderío militar del ejército romano, impidieron el triunfo de la revuelta de Espartaco. Sin embargo, si bien es cierto que fracasó, no lo es menos que logró poner de manifiesto la crisis política, económica y social que imperaba en Roma.

La revuelta servil no fue sino el resultado de la reacción de los grupos más desfavorecidos ante las condiciones políticas y socioeconómicas existentes en Roma. En ella no parece haber existido ningún programa revolucionario que permitiera cambios en el orden social, pues el principal objetivo de Espartaco venía marcado por la consecución de la libertad individual de sus hombres. Por ende, no existió una conciencia de clase común ni tan siquiera unos intereses comunes. Así pues, los rebeldes no lucharon por cambiar el orden social, sino sólo por conseguir la mejora personal. A pesar de ello, la leyenda de Espartaco se ha mantenido viva a lo largo de los siglos como icono de la lucha de los oprimidos contra la tiranía.

¿Quién era Espartaco?


Lo cierto es que poco sabemos de sus orígenes y esa escasa información procede fundamentalmente de historiadores romanos como Plutarco, Floro o Apiano. Espartaco era un gladiador que provenía de la región balcánica de Tracia –habría nacido en el 113 a.C. en Sadanski, en el suroeste de lo que hoy es Bulgaria–. Dado que frecuentemente se denominaba a los gladiadores en función de su lugar de origen, su nombre podría ser un derivado de la región tracia de Espartakia.

En lo que a sus orígenes se refiere, la historiografía clásica ofrece diferentes versiones: bandido, pastor o desertor de las tropas auxiliares.

En cualquier caso, y como señalan Apiano y Floro, Espartaco fue capturado por los ejércitos romanos, enviado a trabajos forzados a una cantera y liberado de allí a consecuencia de su destreza en el combate, lo que le permitió convertirse en un gran gladiador. Por esta razón fue trasladado a Capua a la escuela gladiatoria del lanista Léntulo Batiato, hacia mediados de la década de los años 70 a.C.

En la escuela de Capua protagonizaría una rebelión de esclavos jamás vivida por Roma en la que durante tres años (73-70 a.C.) arrasaría la península Itálica derrotando a las tropas romanas en varias ocasiones.

La guerra de Espartaco

Su expansionismo había provisto a Roma de ingentes cantidades de mano de obra y de esclavos que trabajaban en condiciones inhumanas en explotaciones agrarias y mineras. Paralelamente, las riquezas no eran destinadas a tratar de acabar con las carencias sociales que se manifestaban en Roma, sino que por el contrario, se destinaban a sufragar nuevas campañas militares. En este panorama la crueldad en el trato provocó que en Sicilia estallaran dos revueltas serviles entre el 135 y el 102 a.C., fácilmente reducidas por el ejército romano.

En un contexto marcado por la inestabilidad política, los combates en la arena se habían popularizado a más no poder. Si en un principio las luchas de gladiadores se limitaron a un enfrentamiento de carácter ritual, progresivamente fueron levantando el interés del pueblo –una ocasión que no desperdiciaron los patricios para organizarlas en busca de una mayor popularidad–, hasta que en el año 105 a.C. el Senado, ante la fama de los combates, decidió incluirlos en la lista de espectáculos públicos.

Las fuentes coinciden al señalar que en el 73 a.C. Espartaco y otros doscientos gladiadores iniciaron la rebelión en la escuela gladiatoria de Capua. Al tener restringido el acceso a las armas asaltaron la cocina para hacerse con cuchillos. En el combate con los guardias de la escuela tan sólo setenta hombres lograron escapar. Una vez fuera de Capua, Espartaco y sus compañeros tuvieron la fortuna de capturar un carro lleno de armas y armaduras que precisamente iban destinadas a la escuela de la que huían.

Espartaco y sus hombres decidieron entonces refugiarse en las laderas del Vesubio, el volcán que entraría en erupción un siglo más tarde. El tamaño de la revuelta creció rápidamente ya que muchos esclavos de la Campania de origen galo, tracio o germánico (tal vez cimbrios y teutones) huyeron de los latifundios para unirse a la causa de Espartaco.

A pesar del peligro que planteaba para Roma la revuelta servil, el Senado la menospreció y tardó mucho en tomar cartas en el asunto. En un primer momento, sólo mandó para reprimirla un contingente de 3.000 hombres con escasa experiencia militar. Las tropas romanas al mando de Clodio Glabro rodearon el Vesubio salvo por una de sus laderas, considerada inaccesible. Fue entonces cuando la astucia del tracio permitió que sus hombres atacaran por el flanco desprotegido el campamento romano, masacrando a las tropas romanas y capturando una gran cantidad de equipo militar. Como consecuencia, las noticias del éxito de la revuelta animaron a más esclavos a escapar y unirse a la misma, por lo que de esta manera Espartaco se encontró pronto a las órdenes de un ejército de más de 50.000 hombres.

No obstante, no todo fue gloria para los sublevados pues también tuvieron que hacer frente a una serie de trabas al existir tensiones étnicas como consecuencia de la heterogeneidad del grupo –los dos principales lugartenientes de Espartaco, Crixo y Enomao, eran galos.

Para contrarrestar los avances de la revuelta, el Senado optó por enviar nuevos contingentes regulares al mando del pretor Publio Varinio. Sin embargo, Espartaco logró vencerlos de nuevo. La revuelta siguió creciendo en número de efectivos, pero estos ya no sólo eran de condición esclava, sino que también sumaron campesinos o ciudadanos arruinados y hartos del sistema.

Hasta ese momento, la revuelta no contaba con un objetivo claramente definido. Sin embargo, a fines del año 73 a.C. Espartaco y sus lugartenientes decidieron que tenían que volver a sus lugares de origen en busca de la ansiada libertad personal. Esta decisión coincidió con el cambio de actitud del Senado de Roma: enviar a cuatro legiones (24.000 hombres) al mando de Gelio Publícola y de Cneo Cornelio Léntulo Clodiano. Empero, y a pesar de todo, Espartaco logró derrotar a las tropas romanas a orillas del río Po, si bien su lugarteniente Crixo pereció en el combate –según Floro, para honrarlo en su funeral el tracio hizo que trescientos prisioneros romanos lucharan como gladiadores.

Craso aparece en escena


Con tales acontecimientos, el Senado tomó conciencia del peligro que planteaba la revuelta servil dirigida por el esclavo rebelde. En el 72 a.C., uno de los patricios de Roma aceptó el desafío de enfrentarse a Espartaco. Era el plutócrata Marco Licinio Craso, cuya figura se encontraba eclipsada por las victorias militares de Cneo Pompeyo en África e Hispania y por las de Lucio Licinio Lúculo en Asia. Tras ser nombrado pretor por el Senado, agrupó a los supervivientes de las anteriores batallas contra los gladiadores y reclutó a nuevas tropas.

Mientras tanto, Espartaco había ideado un nuevo plan. Según Plutarco, su objetivo consistía en establecer a unos cuantos de sus soldados (2.000) en la isla de Sicilia, para lo cual era necesario que en el invierno del 72-71 a.C. sus tropas atravesaran el Brucio hacia el estrecho de Mesina. Para llevar a cabo tal empresa, esperaba contar con la colaboración de los piratas cilicios. Pactó con ellos un acuerdo para pasar a Sicilia y desde allí sublevar a los esclavos de la isla con el propósito de hacerse fuerte allí.

Llegado a Calabria, el tracio se cercioró de que los piratas no habían cumplido con su palabra, pues no se presentaron al encuentro. Al tiempo, Craso conseguía cercar a los hombres de Espartaco mediante una larga empalizada de madera. Sin más dilación, nuestro protagonista decidió pasar a la acción asaltando un sector de la empalizada. La ofensiva del tracio sorprendió a los romanos y el ejército de esclavos pudo escapar, si bien en el asedio perecieron más de 12.000 rebeldes.

Indignado por los nuevos logros de Espartaco, el Senado reclamó el regreso de las legiones de Hispania y de Grecia. Sin embargo, Craso no quería compartir los méritos de la victoria con Pompeyo ni con  Lúculo, y optó por seguir a los sublevados.

En el año 71 a.C. los efectivos de Espartaco se iban debilitado porque una parte de los galos abandonaron el contingente insurrecto para ser finalmente masacrados por las tropas de Craso. Ese año el tracio llegó a Brindisi para intentar hacerse con nuevas naves con las que regresar a Tracia, pero, sin embargo, se topó con las legiones de Lúculo.

Ante tales acontecimientos, en el verano de ese año 71 a.C., Espartaco no tuvo más remedio que preparar a su ejército junto al río Silaro, en Apulia. La batalla contra Craso y Lúculo fue muy cruenta. Espartaco logró dar muerte a dos centuriones, pero se vio finalmente superado ante la superioridad y efectividad del ejército romano. La caída de Espartaco provocó la desbandada y la masacre de los esclavos. El cuerpo de Espartaco jamás sería encontrado.

Finalmente, Craso acabó con la práctica totalidad de los rebeldes en la batalla. Seis mil de estos rebeldes derrotados fueron crucificados y expuestos en la vía Apia entre Capua y Roma –resulta curioso que a Craso no se le concediesen los honores del triunfo por no considerar a Espartaco como un enemigo digno–. Paralelamente, los últimos focos de resistencia existentes en el centro y en el sur de la península Itálica serían aniquilados por Pompeyo, quien poco antes había acabado con las tropas sertorianas en Hispania.




La base política de Roma fue militar y tuvo como principal objetivo la expansión, ya sea por razones económicas o estratégicas. La unificación de la península Itálica bajo el dominio de Roma fue una tarea difícil que comenzó al inicio de la República. Las guerras contra los vecinos etruscos, los celtas, los samnitas y los sabinos marcaron los primeros años de esta tarea.
Posteriormente, los romanos conquistaron las colonias griegas meridionales -la Magna Grecia- con lo cual Roma tuvo bajo su poder todos los territorios situados al sur del río Po (275 a.C.). Después de completar el dominio de toda Italia en el 264 a.C., se organizó el territorio en una federación de estados logrando la unificación política de la península.
La estrategia expansionista apuntó después a las otras dos grandes potencias mediterráneas de la época: Cartago y Macedonia.

HISPANIA Y GALIA


La posesión de Hispania y la Galia fue muy codiciada por los romanos. La península Ibérica era un territorio muy atractivo por sus ricos cultivos de trigo y vid, así como por la existencia de grandes reservas minerales, especialmente de plata, hierro y mercurio.

La Galia era rica en minas de hierro y, además, su control representaba para Roma poder dominar el empuje de las tribus germánicas y facilitó la efímera conquista de Britania.

El general Julio César comenzó la conquista de la península Ibérica (210-45 a.C.) pero el dominio definitivo lo impuso Augusto en las guerras cántabras (19 a.C.). Julio César también llevó a cabo la conquista de las Galias (58-51 a. C.).

LA EXPANSIÓN HACIA ORIENTE

Después de dominar el Mediterráneo occidental, Roma se embarcó en la conquista de Oriente. En el año 200 a.C. comenzó la intervención de Roma en Grecia para frenar la expansión de Filipo V de Macedonia. El rey fue derrotado en el 196 a.C. y la rica tradición helenística impregnó todos los ámbitos culturales.

Roma inició luego la guerra contra Antioco III, que reinaba en Asia Menor (región occidental de la actual Turquía). Tras la batalla de Magnesia (190 a.C.), Antioco tuvo que aceptar la soberanía romana.

Y en el año 30 a.C., Octavio sometió a Egipto, que ya anteriormente se había convertido en un estado vasallo. Así Roma dominó todo el Mediterráneo, desde Hispania hasta Siria.