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En el periodo Calcolítico el oro era ya utilizado dada la significación divina que se le atribuía. Las tumbas entonces, eran adornadas con objetos de oro al igual que el fallecido, ya que se consideraba que luego de la muerte, era el oro quien garantizaba que el alma llegará al sol.

Otras posiciones de historiadores afirman que en civilizaciones como la egipcia se enterraban a los faraones con todos sus objetos personales de oro para que cuando reencarnaran y volvieran a vivir contaran con riquezas. Los egipcios desarrollaron la metalúrgica y técnica minera del oro.

En Roma por otra parte, existían grandes mitos sobre la desgracia que podía traerle a un mortal el uso del oro. Una de las historias más comunes es la de Tarpeya, quien traicionó a los romanos por los brazaletes de oro que traían los sabinos, y por tal ambición y tan cruel traición fue golpeada por los escudos y cayó desde una roca que actualmente lleva su nombre. Más los propios romanos y los griegos también, consideraban que sus dioses eran de oro y estaban rodeados de objetos del metal divino. Los judíos a diferencia de los romanos, veían que el metal estaba destinado a la vida terrenal y los humanos debían utilizarlo.


Las maldiciones del oro

El oro tiene una maldición, muchos así lo consideran. Quien ambiciona ilimitadamente este metal, sucumbe. Existen historias muy interesantes sobre tesoros ocultos que la muerte de miles de hombres causó, y que aún continúan sin encontrarse. Menciono aquí algunos ejemplos de los tesoros ocultos que siguen siendo una fuente de misterio para muchas personas: el Tesoro maya enterrado en Chichen Itza; el Tesoro de Bobadilla consistente en miles de kilos de oro que se transportaban en 25 naves y galeones que naufragaron en el Cabo de Engaño y el Tesoro Hope, el barco que transportaba en 1827 este tesoro se estrelló contra unas rocas, hundiéndose este en el mar y nunca más se encontró.

El oro en la actualidad

El hombre actual ve al oro como un metal precioso que la naturaleza regaló a los mortales. Es símbolo de clase y distinción social, es por ello que sobre todo las mujeres, adoran tener joyas de oro, y su alianza de boda es generalmente de este material.

El oro es muy utilizado en la joyería  para la confección de anillos de diseño, manillas o pulseras, pendientes, gemelos de camisas y otras joyas que al ser de oro tienen un valor comercial mayor, además de finura y elegancia.

Una joya de oro es uno de los mejores regalos que puede darse a alguien que amamos o queremos, es un presente especial para una persona que ocupa un lugar en nuestro corazón o a la cual agradecemos con sinceridad algún gesto o acción que tuvo para con nosotros.
Quisiera que todos los lectores hayan disfrutado del artículo y aprendan a apreciar un poco más el tan venerado metal precioso. Es el oro símbolo terrenal del sol, fuente este de vida.



Estrellas, galaxias, planetas, prácticamente todo lo que compone nuestra existencia se debe a un capricho cósmico.




La naturaleza de esta peculiaridad, lo que le permitió la materia dominar el Universo a costa de la antimateria, aún es un misterio.

Un misterio subatómico: ¿a dónde se fue toda la antimateria?
Pero ahora, los resultados de un experimento en Japón podrían ayudar a los investigadores a resolver el enigma, uno de los más grandes de la ciencia.

El hallazgo apunta a una diferencia entre el comportamiento de las partículas de materia y antimateria.

  • Un misterio de larga data
  • El mundo con el que estamos familiarizados, incluyendo los objetos de la vida cotidiana que podemos tocar, está hecho de materia.
  • Los “ladrillos” que conforman esa materia son partículas subatómicas como electrones, quarks y neutrinos.
  • Pero la materia tiene una oscura contraparte llamada antimateria. Cada partícula subatómica de materia tiene una correspondiente antipartícula.

Hoy, hay mucha más materia que antimateria en el Universo. Pero no siempre fue así.

Se supone que el Big Bang debió haber creado materia y antimateria en cantidades iguales. "Cuando los físicos crean nuevas partículas en los aceleradores, siempre encuentran que producen pares de partículas-antipartículas: por cada electrón negativo, un positrón con carga positiva (la contraparte de antimateria del electrón)", dice Lee Thompson, profesor de la Universidad de Sheffield y miembro T2K, un experimento en el que científicos de varios países miden las oscilaciones de neutrinos.

"Entonces, ¿por qué el 50% del Universo no es antimateria? Este es un problema de larga data en cosmología: ¿qué le sucedió a la antimateria?”, se pregunta Thompson.

Cuando una partícula de materia se encuentra con su antipartícula se "aniquilan", desaparecen en un destello de energía.

Durante las primeras fracciones de segundo del Big Bang, el universo caliente y denso burbujeaba con parejas de partículas-antipartículas apareciendo y desapareciendo.

Si no hubiera intervenido algún mecanismo desconocido, el Universo no sería más que un cúmulo de energía sobrante.

"Sería bastante aburrido y no estaríamos aquí", le dice a la BBC Stefan Söldner-Rembold, jefe del grupo de física de partículas de la Universidad de Manchester.



Dirigido a estudiantes de Tercer Año del CEE - RNC (2017) que han sido seleccionados para una preparación en el curso de Geografía, y que desean consolidar sus conocimientos bajo modalidad prescencial y a distancia.

MATERIALES DE TRABAJO:

Primer Modulo (ACCEDE HACIENDO CLIC AQUI)

MATERIALES MULTIMEDIA




Los seres humanos ya han agotado su subsidio por agua, suelo, aire limpio y otros recursos en la Tierra para todo el año 2017.

Según los grupos ambientalistas del Fondo Mundial para la Naturaleza, (WWF)  y la Global Footprint Network, a principios de agosto la Tierra ya ha alcanzado el límite de explotación de sus recursos naturales para todo el resto del año 2017. La fecha, que este año es más temprana que en 2016, significa que la humanidad sobrevivirá “en crédito" hasta el 31 de diciembre.


"Para el 2 de agosto de 2017, habremos usado más de la naturaleza de lo que nuestro planeta puede renovar en todo el año", dijeron los grupos en un comunicado.

Esto significa que en siete meses emitimos más carbono que los océanos y los bosques pueden absorber en un año, pescamos más peces, derribamos más árboles, cosechamos más y consumimos más agua de la que la Tierra pudo producir en el mismo periodo. Según los activistas, se necesitaría el equivalente de 1,7 planetas para producir suficientes recursos naturales para igualar nuestras tasas de consumo y una población en crecimiento.

Para ayudar a revertir la tendencia, los activistas y las organizaciones benéficas aconsejan comer menos carne, quemar menos combustible y reducir el desperdicio de alimentos.

Según la Global Footprint Network los alimentos constituyen el 26% de nuestra huella ecológica mundial y que si redujéramos los residuos alimenticios en la mitad, consumiéramos menos alimentos con alto contenido proteínico e introdujéramos en nuestra dieta más frutas y hortalizas, podríamos reducirlo al 16%.

Por otra parte, nuestra huella de carbono tiene el mayor impacto, un 60%. Se requeriría el equivalente de 1,7 planetas para producir lo suficiente para satisfacer las necesidades de la humanidad a las actuales tasas de consumo.

El límite de recursos de la Tierra lleva calculándose desde 1986, y llega cada año más temprano. En 1993, se produjo el 21 de octubre. En 2003, el 22 de septiembre y en 2015, el 13 de agosto.

Las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la quema de carbón, petróleo y gas representan el 60% de la huella ecológica de la humanidad en el planeta.

No obstante, todavía estamos a tiempo. Las personas pueden contribuir a detener, y eventualmente revertir, la tendencia al comer menos carne, quemar menos combustible y reducir el desperdicio de alimentos.


Las probabilidades de que las temperaturas suban tanto a finales de siglo debido al calentamiento global es del 90%.

El escenario es mucho peor de lo que nos imaginábamos. Según los pronósticos establecidos en el Acuerdo de París de 2016, la temperatura de la Tierra no subiría más de 2 ºC a finales de siglo. Un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Washington (EE. UU.) y otras instituciones nos abre los ojos ante la realidad: el calentamiento global provocará que en 2100 la temperatura media de la Tierra sea entre 3-5 ºC más alta.

Lejos de la meta de limitar el incremento de la temperatura de la Tierra en 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, el ser humano se enfrentará a unas temperaturas medias mucho mayores.

El estudio estadístico muestra apenas un 5% de posibilidades de que la Tierra se caliente 2 grados o menos a finales de este siglo. Limitar el aumento en 1,5 °C se reduce a un 1% de probabilidades en el escenario más realista. Y es que, según los resultados publicados en la revista Nature Climate Change, el ser humano se enfrentará a un aumento de entre 2 y 4,9 º C, por encima de lo establecido en el citado Acuerdo de París.

"Nuestro análisis es compatible con estimaciones anteriores, pero muestra que es improbable que se cumplan las predicciones más optimistas. En general, los objetivos expresados en el Acuerdo de París son ambiciosos pero realistas, pero las malas noticias son que es improbable que sean suficientes para lograr mantener el calentamiento en o por debajo de 1,5 ºC", comenta Adrian Raftery, líder del trabajo.

Llegar al escenario de un aumento de solo 2 ºC "es factible, pero sólo con un esfuerzo importante y sostenido en todos los frentes durante los próximos 80 años", según Raftery.

Las cifras no mienten. Las nuevas proyecciones muestran un 90% de probabilidades de que las temperaturas aumenten este siglo entre 2 y 4,9 ºC.

Variables del estudio

Los investigadores han analizado de qué forma aumentarían las emisiones de cara a 2100 en función de tres variables clave: el producto interior bruto per cápita, la población mundial total y la cantidad de emisiones de carbono emitido por cada actividad económica.

Usando proyecciones estadísticas para cada una de estas tres cantidades basadas en 50 años de datos anteriores de países de todo el mundo, el estudio encuentra un valor medio de 3,2 ºC de calentamiento en 2100.


¿Qué pasaría si finalmente arrancase una guerra nuclear menor o localizada? Este sería el escenario.

Al Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece habérsele agotado la paciencia con Corea del Norte, prometiendo atacar con 'fuego y furia como el mundo no ha visto nunca' -según sus palabras-. Ante una amenaza de tales características, con Corea del Norte simulando un ataque con misiles sobre Guam (una isla perteneciente a EE. UU.) y a un presidente estadounidense que sigue avivando la retórica beligerante hacia este régimen, nos preguntamos qué ocurriría con la Tierra ante una guerra nuclear menor si la iniciativa del desarme multilateral no sale adelante y el resto de medidas preventivas acaban en fiasco.


¿Cómo sería la realidad de una guerra nuclear localizada?

Una investigación relativamente reciente ha modelado los efectos indirectos de las detonaciones nucleares sobre el medio ambiente y el clima en un supuesto escenario entre Pakistán y la India con 100 cabezas nucleares del tamaño de la de Hiroshima y siendo detonadas principalmente en áreas urbanas. Muchos analistas sugieren que se trata de un escenario plausible en el caso de una guerra total entre los dos estados, cuyos arsenales combinados ascienden a más de 220 cabezas nucleares (cuyas bombas están certificadas actualmente como unas 2.200 veces más potentes que la de Hiroshima).

En este hipotético escenario, 20 millones de personas morirían en apenas una semana a causa de los efectos directos de las explosiones, incendios y radiación local; esto es, prácticamente más muertes que en toda la  I Guerra Mundial.

El impacto de las explosiones nucleares en la naturaleza

Las explosiones nucleares son propensas a iniciar incendios en grandes zonas que se aglutinan e inyectan grandes volúmenes de hollín y escombros a la estratosfera. En este enfrentamiento de India-Pakistán hasta 6,5 millones de toneladas de hollín podrían llegar a la atmósfera superior, bloqueando el Sol y provocando una caída significativa en la temperatura media de la superficie y las precipitaciones en todo el mundo, con efectos que podrían durar más de una década.

Esta alteración ecológica también afectaría notablemente a la producción mundial de alimentos. Así, por ejemplo, la producción de maíz en Estados Unidos disminuiría una media del 12% en los siguientes 10 años (EE. UU. es el mayor productor mundial de maíz); la producción de arroz en China se reduciría un 17%, el trigo un 31% en invierno y el maíz un 16%... Este panorama pondría a 2.000 millones de personas en peligro de hambruna.

Aunque se iniciara un conflicto nuclear entre Corea del Norte y Estados Unidos, el impacto no sería tan imponente como el supuesto de India-Pakistán, puesto que el arsenal de Pyongyang no es tan voluminoso. Pese a ello, también morirían muchas personas y los daños ecológicos nos afectarían durante años.

Pero, ¿y si el conflicto adquiriera cotas aún más preocupantes?

Una guerra nuclear a gran escala entre Estados Unidos y Rusia tendría un impacto mucho mayor. La mayoría de las armas rusas y estadounidenses son de 10 a 50 veces más potentes que las bombas que destruyeron en su momento Hiroshima en 1945.

En este otro contexto, 150 millones de toneladas de hollín ascenderían a la atmósfera superior.
Las temperaturas globales disminuirían 8 ° C.
La producción de alimentos se colapsaría y es probable que la mayoría de la humanidad muriera de hambre.

Aunque este proscenio es poco probable, no deja de ser una posibilidad. Teniendo en cuenta que las armas nucleares no pueden emplearse para tratar el aumento del nivel del mar, el clima extremo, la acidificación de los océanos o la pérdida de la biodiversidad, es comprensible que una gran cantidad de organizaciones médicas y de salud pública estén promoviendo que se declaren ilegales las armas nucleares.

Referencia: Research papers and discussions on the public health and environmental effects of nuclear weapons will be part of the Health Through Peace 2017 conference at the University of York in September. Tackling public health crises in a changing, unstable world.








El hallazgo podría reavivar las esperanzas de encontrar vida, o bien servir de suministro para futuros colonos humanos.

Puede que Marte no esté tan muerto como pensamos. Los científicos han descubierto depósitos sustanciales de agua helada enterrados en un suelo poco profundo cerca del ecuador de Marte. El hallazgo podría reavivar las esperanzas de encontrar vida en Marte, o bien, para que futuros colonos humanos puedan encontrar un suministro de agua. No obstante, también plantea un misterio para los científicos del clima.

Los resultados provienen de un reanálisis de datos de la nave espacial Odyssey de la NASA, que comenzó a orbitar a Marte en 2001. Esta es la misión de funcionamiento más antigua lanzada desde nuestro planeta.

Si el hielo encuentra un camino a la superficie y se derrite, podría proporcionar un hábitat acogedor para los microbios.
 Uno de los instrumentos de Odyssey se dedica a medir los neutrones lanzados desde la superficie marciana por los rayos cósmicos que inciden en el planeta. A partir de este recuento de neutrones, los científicos pueden hallar la cantidad de hidrógeno y, por lo tanto, calcular la cantidad de agua presente en el metro más alto del suelo.

En pequeñas cantidades, el agua puede tomar muchas formas, ya sean minerales hidratados o pequeñas partículas de hielo pegadas entre partículas de arena. Pero cuando las cantidad de agua se eleva por encima del 26%, como ocurre en algunas regiones, los científicos están bastante seguros de que el hielo se encuentra justo debajo de la superficie. Es una afirmación de Jack Wilson, científico planetario del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins en Laurel, Maryland.

Que Marte posea hielo no es ninguna noticia. En los polos, hay masas permanentes compuestas de agua congelada y dióxido de carbono. Ya en 2002, los investigadores que usaron el instrumento de neutrones de Odyssey reportaron evidencia de agua en el subsuelo en altas latitudes. La evidencia era lo suficientemente fuerte como para que la NASA enviara el robot Phoenix Lander para explorar estas regiones. Y, efectivamente, cuando el brazo del robot arañó el suelo en 2008, encontró hielo justo debajo.

Ahora, Wilson y sus colegas han encontrado una manera de mapear los datos previamente obtenidos de Odyssey con una resolución de 290 kilómetros, casi el doble que los mapas anteriores. Buscaron parches más pequeños y más concentrados de agua helada que los análisis anteriores podrían haber mostrado. Así, encontraron muchas de estas masas de agua helada en latitudes mucho más bajas de lo esperado, según informan los investigadores.

El misterio del clima de Marte

Pero los parches de hielo también suponen un desafío para los científicos del clima. Según los modelos actuales del clima de Marte, el hielo ecuatorial no puede persistir durante más de ciento veinticinco mil años. Eso se debe a que el hielo se sublima gradualmente en la atmósfera, incluso si se entierra bajo una capa poco profunda de suelo aislante. Pero, si el hielo realmente existe allí, podría ser evidencia de un cambio en el eje de rotación de Marte dentro de este periodo de tiempo, explica Wilson. Esto significaría que el planeta no está muerto del todo.

Varias regiones de Marte son potencialmente ricas en agua (azul oscuro), incluyendo amplias áreas cercanas al ecuador./J.T. Wilson et al., Icarus (2017).


A diferencia de la Tierra, Marte no tiene una luna grande para ayudar a equilibrar el bamboleo de su eje orbital. Y si el eje del planeta estuviera inclinado más de veinticinco grados, algún casquete polar se habría sublimado y se habrían movido a latitudes más bajas. Sin embargo, Wilson reconoce que la explicación es improbable, dado que el eje de rotación de Marte no debería oscilar en escalas de tiempo tan rápidas. Otra posibilidad, dice, es que el suelo también proporcione una barrera de vapor para impedir la sublimación.


Independientemente de cómo llegara el hielo ecuatorial, si encuentra un camino a la superficie y se derrite, podría proporcionar un hábitat acogedor para los microbios. Es por eso que los científicos de Marte están tan entusiasmados con las llamadas líneas de pendiente recurrente, las rayas oscuras en pendientes empinadas que se cree que son posibles filtraciones de agua, ya sea por el hielo de fusión o por los acuíferos subterráneos.

Pese a las nuevas evidencias, la NASA aún considera que el clima actual de Marte no es hospitalario para los organismos de la Tierra. Aun así, un equipo humano podría proporcionar una fuente de calor estacionaria que, a largo plazo, pudiera derretir el hielo subterráneo y crear una "piscina caliente" capaz de albergar vida.

Referencias:

Water ice found near Mars’s equator could entice colonists and life-seekers. (2017). Science. doi:10.1126/science.aao6995

Imagen: NASA/JPL-Caltech/ASU





Se trata de un momento crucial en la historia de nuestro planeta, puesto que sin este evento los seres humanos no existiríamos.

Hace cientos de millones de años nuestro planeta experimentó la madre de todas las edades de hielo. Un evento que no solo convirtió a la Tierra en una bola de nieve gigante, sino que, según una investigación liderada por la Universidad Nacional Australiana (Australia) probablemente también sentó las bases para una revolución biológica. La respuesta a este vetusto misterio ha sido hallada en antiguas rocas sedimentarias del centro de Australia en las que se han encontrado moléculas orgánicas atrapadas en la roca que sugieren una floración global de algas tras el derretimiento del hielo.






Así, el final de esta época de Tierra gélida liberó en el océano grandes cantidades de nutrientes y, gracias a ellos, aparecieron algas y animales cada vez más complejos.


"Aplastamos las rocas hasta convertirlas en polvo para extraer las moléculas de los antiguos organismos. Estas moléculas nos dicen que algo realmente muy interesante ocurrió hace 650 millones de años. Fue la revolución de los ecosistemas: el surgimiento de las algas", explica Jochen Brocks, coautor del trabajo.
Durante la etapa del Eón Proterozoico, el clima del planeta cambió en diversas ocasiones

 Según el investigador, el surgimiento de las algas desencadenó una de las revoluciones ecológicas más profundas de la historia de la Tierra, sin la que los seres humanos y otros animales no existirían.


"Antes de que todo esto sucediera, hubo un evento dramático 50 millones de años antes llamado Tierra Bola de Nieve". En dicho momento, la Tierra se congeló durante 50 millones de años y, cuando la nieve comenzó a derretirse durante un evento de calentamiento global extremo, los ríos arrojaron torrentes de nutrientes al océano, arrancando este fabuloso proceso de la vida.

Los niveles extremadamente altos de nutrientes en el océano, y el enfriamiento de las temperaturas globales a niveles más acogedores, creó las condiciones perfectas para la rápida propagación de algas. 


"Esos grandes y nutritivos organismos en la base de la cadena trófica (esto es, las algas) proporcionaron la explosión de energía necesaria para la evolución de los ecosistemas complejos, donde animales cada vez más grandes y complejos, incluyendo a los humanos, pudieron medrar", aclara Brocks.

Las piedras sedimentarias descubiertas por la investigadora Amber Jarrett, fueron relacionadas directamente con el período inmediatamente posterior al derretimiento de la Tierra Bola de Nieve. Los expertos utilizaron los biomarcadores preservados del hidrocarburo para calibrar la sincronización exacta de la fotosíntesis de los organismos complejos conocidos como Archaeplastida, una gran especie de depredador microbiano que desarrolló el hábito de tragar las cianobacterias sin digerirlas, formando una innovadora sociedad.


"En estas rocas descubrimos señales sorprendentes de fósiles moleculares. De inmediato supimos que habíamos hecho un descubrimiento innovador acerca de que la Tierra Bola de Nieve estaba directamente involucrada en la evolución de la vida grande y compleja", comenta Jarrett.

Así las cosas, ahora podemos establecer que entre los 663 y los 645 millones de años de antigüedad, al final de la edad de hielo Sturtian, la composición de la vida en la Tierra cambió por primera vez en su historia.

Referencia: Jochen J. Brocks et al, The rise of algae in Cryogenian oceans and the emergence of animals, Nature (2017). DOI: 10.1038/nature23457